Instrucción N° 8: El primero es el primero y el segundo es el segundo

Instrucciones para sobrevivir en la gestión escolar.

Muy buenos días, estimadísimos y estimadísimas lectores y lectoras de Gloria y Loor. Aquí estoy de vacaciones de invierno en la preciosa ciudad de Bariloche, y hete aquí que crucé la calle del departamento donde me hospedo con el objetivo de comprar un par de libros y pumba, me resbalé cuan grandota soy (y sabe Dios que soy bien grandota) por el invisible hielo. En el menester terminé quebrándome los huesos ¡de los dos codos!, Directora más tonta no se consigue, ¿verdad? De todos modos, aquí estamos acercándonos a la escritura de la octava entrega de estas Instrucciones, porque el sistema educativo no perdona ni espera y yo ya siento una especie de deber ético en esto de guiar a mis colegas directores por la senda confusa de la gestión educativa, prendiendo alguna que otra bengala ruidosa y colorida hija de mi considerable experiencia en el rubro, con el objetivo de ayudarlos a que sufran un poco menos y disfruten un poco más.

En el contexto de ciertos duelos que tenemos que hacer los maestros y los profesores cuando accedemos a la gestión se encuentra aquella sensación dolorosa de “me estoy separando de mis amados estudiantes”. Resulta que la mayoría de nosotros accedemos a la gestión y al instante debemos dejar el grado/sala (en caso de niveles inicial y primario) o varios cursos por carga horaria asociada al régimen de incompatibilidad (en niveles secundario y superior). En estos procesos suele haber bastante llanto, despedidas nobles con algún que otro regalito y varios “seño, no te vayas, te vamos a extrañar mucho”, acompañados de promesas de “no me voy, me quedo aquí al lado de ustedes, pero en otra función” y un larguísimo etcétera poblado de lágrimas y emociones. Bueno, a fuer de ser honestas, en general esto sucede con los más pequeños, si estás en superior o en secundaria capaz que nadie se percató de que te ibas o quizás recibieron tu retirada con relevantes dosis de inferencia adolescente.

El problema, eso sí, es lo que a vos te pasa adentro. Porque un director se ocupa más de los profes que de los chicos. O, mejor dicho, se ocupa de los profes para que los chicos puedan estar bien atendidos y bien enseñados. Entonces sucede ese duelo que pasamos todos los que hemos tenido vínculos muy cercanos con nuestros estudiantes. Así las cosas, en reiteradas oportunidades recordarás esas clases donde tu única preocupación era tratar de que esas treinta blancas palomitas se portaran más o menos bien para que pudieran aprender a dividir con relativo éxito… y entonces te preguntás, con reconcentrado sentimiento, “¿qué sotocórnola hago yo acá?, ¿por qué diantres me metí en esto?, o directamente gritás en silencio: ¡Que alguien me señale la vía de escape ahora mismo o cometo una locura!”. Oh, mi querido colega, ¿cuántas veces te hallaste pensando así desde que emprendiste tu camino en la conducción escolar?

Por Dios, que no se interprete aquí que estoy minimizando la tarea del docente. Pero el mundo de los profes y los maestros es un poco más pequeñito, el aula y hasta ahí llegamos. Sí, ya sé que el docente realiza un montón de trabajo colectivo con los compañeros y las compañeras pero cuando accedés a un cargo directivo el campo visual aumenta exponencialmente, tanto que al principio sentís un mareo un poco complicado de manejar. 

En ese ir y venir estarás acompañado muy cercanamente de alguna gente que la bibliografía especializada denomina el equipo de conducción.  Pero, ¿quién es quién en semejante berenjenal de funciones y cotidianos desbordados de caos y situaciones diversas? Pues de este temilla nos vamos a encargar en esta entrega de las Máximas.

Instrucción Nro 8: El equipo de conducción existe pero el primero es el primero y el segundo es el segundo

Me gusta pensar que, en la actualidad, podemos hablar de equipos de conducción porque hay un conjunto de personas que son la que están involucradas en el gobierno de una escuela y no un único referente. Sin embargo, ya hemos dicho con anterioridad que esto del equipo de conducción y los liderazgos distribuidos puede tener algunas interpretaciones medio peligrosas, fundamentalmente en lo que refiere a roles y funciones de los sujetos involucrados.

Puntualmente, hay un verbo malicioso cuyos usos retorcidos me tienen bastante cansada y es el verbo delegar. En la bibliografía que consumimos con la avidez del desesperado cuando nos estamos capacitando, por todas partes dice que el Director tiene que aprender a delegar  si quiere desarrollar un liderazgo democrático… cientos de libros refiriendo a tipologías de liderazgo de directores y directoras y, por supuesto, una lee esos cuadros de doble entrada donde se diferencian los directores verticalistas de los autoritarios y nosotros queremos llegar a ser, abiertos, dialogueros, formadores de equipos, orientadores respetados de nuestros docentes, personas que sugieren y no que ordenan… en fin, en el fondo queremos que digan qué piola que es la dire.

En mi pequeña opinión, el consumo desmedido que solemos hacer de esta bibliografía nos suele llenar la cabeza de bastante caca pedagógica: andamos por los pasillos de la escuela autoevaluándonos todo el tiempo porque no vaya a ser que caigamos en la tipología que Antonio Fulanito describió como autoritaria, librénos Dios de semejante pecado. Y como para caer en la celdita de la tabla de Word que describe a los líderes democráticos tenemos que delegar, construimos a este verbo como una categoría estelar y esto a veces nos trae problemas. Es así que puede suceder que terminamos armando Brigadas B  que nos compliquen (a nosotros y a la escuela) seriamente la vida al erigirse como grupos que se alejan completamente de nuestro control y cuyas metidas de pata luego debemos solucionar nosotros, tal y como les pasó a los originales Simuladores.

Desbordados por la cantidad de pedidos, Los Simuladores delegan demasiadas responsabilidades en una Brigada B, compuesta por los hombres de la foto. Desprolijos y con escasa contracción al trabajo, la Brigada B se va olvidando de lo importante. Los Simuladores, confiados, descubren demasiado tarde que el exceso de autonomía que le dieron a la Brigada B trajo problemas tales como olvidar al peligrosísimo Franco Milazzo en el Impenetrable Chaqueño o despertar sospechas del FBI por un simulacro asociado a terrorismo internacional. En el desopilante episodio 7 de la segunda temporada, los Simuladores deben viajar a los Estados Unidos para rescatar a estos poco eficientes muchachos de las garras del cruel buró. (Los simuladores, Argentina, dir. Damián Szifron).

Querido Director, vos no tenés que llenar ningún casillero de los que te presenta ningún manual canónico de tipologías de liderazgo. Tampoco tenés que delegar a lo tonto por el qué dirán: cuando delegues tendrás que hacerlo en las personas apropiadas y siempre estar vigilante porque la legislación te coloca a la cabeza de la pirámide de poder de la escuela y tampoco hay que perder el norte en relación a los marcos estructurantes de tu función.

Pero sigamos avanzando. Veamos qué sucede con el director y sus relaciones con “su equipo”. Dentro de ese equipo, dentro de la planta permanente (como le decimos irónicamente en mi escuela, porque siempre hay mucho movimiento de personal entre profesores y maestros, no así en los otros puestos), está tu segundo al mando.   Es decir, podés tener varias personas que son parte de los procesos de decisión, por ejemplo yo tengo la suerte de contar con una Jefa de Preceptores, una Secretaria Docente y un Coordinador de Cursos, así como también con algunos coordinadores para algunas áreas en mi gigantesca escuela secundaria de veinticuatro divisiones. Sin embargo, mi segunda al mando de verdad, la persona que me reemplaza cuando no estoy, mi mano derecha, es mi Vicedirectora, se llama Anabella Díaz y procedo a presentártela aquí.

Con ustedes la dupla más terrible de la escuela secundaria más antigua de Villa Carlos Paz: dos señoras de casi cinco décadas manejando una institución septuagenaria de más de ochocientos veinte alumnos y ciento diez docentes. Para conocer más sobre la escuela que dirijo entrá aquí .

Les cuento un chisme: Cierta vez un docente suplente de mi escuela le hizo una pregunta a la vicedirectora y, como ella estaba ocupada, le pidió que pase más tarde. La vice me lo comenta y, dado que yo estaba misteriosamente sin actividades urgentes en ese momento, me dirijo a la sala de profesores a buscar al docente de marras y le digo que pase por la Dirección así le aclaro su duda. Resulta que el docente, ipso facto, le escribe un whatsapp a la Vice explicándole “lo que estaba sucediendo”, porque él (dijo) sabedor de que directoras y vices suelen llevarse mal y/o recorrer caminos separados, no quería aportar a climas institucionales tensos o quedar preso de conflictos personales entre ambas miembros del equipo de conducción.

Aunque parezca absurdo, quienes tenemos cierto recorrido institucional sabemos que en muchos espacios educativos sucede esto. Y sabemos también que “el segundo al poder” suele tener cierta mala prensa o, al menos, una prensa confusa. Sin ánimo de desembarcar en la oscura grieta política nacional, es por demás evidente que los medios de comunicación explotan la idea del segundo traidor cuando se hace referencia a la actual Vicepresidenta de los argentinos. Por otra parte, como se puede observar en series muy populares, el segundo suele ser visto como un poco tonto o demasiado adulador, tal como sucede en The Office con Dwight Schrute o con Mr. Smithers, en Los Simpson.

En la hilarante The Office (USA, 2005-2013), Dwight Schrute es el segundo al mando de Michael Scott. Dwight es un personaje obsesionado con el poder, que siempre está intentando mostrarle a sus compañeros que él tiene un rango superior. En términos estrictos, en la vía jerárquica es uno más, pero su jefe Michael, a quien admira y quiere profundamente, le inventa puestos inexistentes para conformarlo, tal como “Asistente Del Gerente Regional”.
En Los Simpson, Waylon Smithers es el segundo al mando del malvado Señor Burns. Se encuentra secretamente enamorado de su jefe y realiza todo lo que él le pide con extrema lealtad, aunque más de una vez sus demandas le generan contradicciones éticas e ideológicas. Al contrario de Dwight, Smithers sí posee un puesto concreto de Asistente Personal y Secretario, que le otorga más claridad en sus funciones.

Lejos de estos estereotipos, la primera diferencia que hay que hacer es la que sucede cuando tu segundo al mando es un vicedirector/vicedirectora o cuando se trata de alguien que tiene otro puesto. El primero de los casos es, en términos formales, el ideal, sencillamente porque la legislación (entre otras cosas) dice que el vicedirector reemplaza al Director en caso de ausencia, o sea es el suplente natural. En la película El cisne negro, hay todo un mambo con la suplente (el que vio la película sabrá de qué hablo) pero hay un diálogo que me resulta bastante esclarecedor. Nina, la bailarina estrella que se hizo con el protagónico, se enoja cuando se entera de que han designado a Lily como su suplente, y le dice al coreógrafo responsable de la selección que ella no es una buena opción, porque Lily desea con locura SU papel. A lo cual el coreógrafo le contesta algo así como que por supuesto que la suplente siempre quiere el papel de la titular, que de eso se trata, y que justamente es eso lo que la convierte en una posible reemplazante apropiada. Resumen: si la suplente no tiene hambre de poder no sirve para nada.

Nina (Natalie Portman) y Lily (Mila Kunis), la primera y la segunda respectivamente en Black Swan (USA, 2010, Dir. Darren Aronofsky)

Es decir, si sos Director, más te vale que tu Vicedirector esté absolutamente listo para hacer todo lo que vos hacés, que tenga muchas ganas de hacerlo, y más vale que lo formes para eso. Y si te asaltan constantes temores, no olvides que un Director que vive con miedo constante a lo que lo desbanque un Vicedirector es un tanto patético, casi tanto como un Director que habita un mundo rosado inexistente donde no hay traiciones, micropolíticas ni intentos de serruchadas de piso.

¿Qué sucede cuando tu segundo al mando no tiene un puesto definido en la jerarquía escolar, cuando se trata de otro docente, por ejemplo?  Primero, hay que asumir que la complejidad de las escuelas implica que estos segundos al mando en instituciones donde no hay vices sean parte de un proceso casi diríamos natural: el Director necesita apoyarse en alguien, necesita poder ausentarse y que haya alguna persona de confianza que pueda dar respuestas al resto del personal, mantener el funcionamiento básico de la escuela. Esta persona suele ser, por lo general, un secretario o coordinador. También suelen darse otros casos donde un profesional miembro del departamento de orientación profesional (antes llamado “gabinete psicopedagógico”), el docente más antiguo u otros compañeros que no tienen directamente funciones específicas de gestión (como sí las tienen los secretarios o coordinadores) ocupen este rol. Mi consejo es que mientras más alejada esté legalmente (o sea, en los papeles) la función “en los papeles” que está ocupando esta persona de las tareas de gestión, más cuidadoso deberá ser el Director o Directora, porque a la postre se te podrá volver en contra la adjudicación de tareas que no corresponden en términos de normativa laboral, o generar conflictos en el equipo docente porque anda dando órdenes alguien que no tendría que andar dando órdenes… como sucede con Dwight Schrute en The Office.

Teniendo en cuenta todos estos bemoles procederé a ofrendar tips para que la relación entre Directores y Vicedirectores fluya… o al menos no se estanque y/o devenga una batalla campal con armas de todo grosor. Y como yo fui también Vicedirectora durante una buena pila de años, voy a hablarles a ambos miembros del famoso equipo de conducción. ¿Cuál es el norte que nos guía? Entender que un espacio de conflicto permanente entre director/a y vicedirector/a no sólo perjudicará a ambos, sino que generará un clima hostil de tensión que se trasladará a todos los miembros del personal y, a la postre, afectará seriamente el trabajo de enseñar y el derecho de aprender de los niños, niñas y adolescentes.

Vamos con los consejos:

1-     Si sos aspirante a Vicedirector y si podés acceder a esta información, averiguá cosas sobre el Director antes de tomar el cargo. Cómo les fue a los Vicedirectores anteriores y cuándo se jubila el Director son dos cuestiones centrales.  No pienses que donde los otros no pudieron vos vas a poder, si se trata de un Director demasiado conflictivo es mejor que rumbees para otro lado, así comenzás tu carrera en la conducción con cierta tranquilidad y no te destruís la psiquis al vicio.

2-     Las posibilidades y limitaciones de un puesto de Vicedirector básicamente te las dará el Director. Al año y medio o máximo dos años de estar en el lugar deberías darte cuenta si es un espacio para crecer o sólo para sufrir, y obligarte a vos mismo a tomar decisiones sobre permanencias o cambios.

3-     Si sos Vicedirector, frente a los conflictos con tu superior apegate a las funciones que establece la ley. Por ejemplo, en la normativa de mi provincia el Vicedirector de escuela secundaria está encargado de la disciplina y de los asuntos del curriculum.  Si sos Director y lidiás con un Vice complicado porque es una de esas personas  que, diría mi abuelo, “siempre andan arrastrando el poncho para ver quién se los pisa”, remitilo a la normativa y centrá su trabajo exclusivamente en las funciones que están en el papel. Si es necesario, desarrollá situadamente esas funciones en un escrito organizador para evitar malos entendidos.

4-     El pie para la división de tareas entre Director y Vice siempre debe ser la normativa, y lo que no figura en la normativa debe consensuarse en un marco de respeto. Un Vicedirector es el coequiper del Director, no su secretario privado (no es tu Mr. Smithers).

5-     Directores y Vices jamás deben instalar dinámicas del tipo policía bueno-policía malo. Se trata de una modalidad destructiva del equipo de conducción bastante extendida, tanto con los alumnos como con padres y docentes. Vicedirectores o Directores (por debilidad o por otras intencionalidades más oscuras) a veces construyen su identidad sobre la idea de “yo soy el bueno del equipo”, lo cual sólo lleva a que se desvalorice su propia autoridad y se generen situaciones muy difíciles de manejar. Creeme, la tentación narcisista de ser visto como “el bueno” se paga muy caro.

6-     Un Vicedirector siempre respalda a su Director y viceversa. Jamás deben desautorizarse uno al otro, así vengan degollando. Si sos Director, dar de baja todo el tiempo medidas tomadas por el Vice sólo se te volverá en contra: vos necesitás descansar sobre un Vice respetado, así que corregilo en privado, enseñale. Y si sos Vice, hablar mal del Director y hacer ver que no estás de acuerdo con nada de lo que hace determina que entres en un juego de poder que, por razones de jerarquía, necesariamente terminará salpicando tu legajo. Presentá tus opiniones en privado, siempre sabiendo que hay un límite para esta aceptación porque la estructura de poder de las escuelas es tremendamente jerárquica.

7-     Ambos, Director y Vice, deben hablar usando el plural. Si la Vice llamó la atención a una maestra por una demora en la entrega de carpeta didáctica y esta demora se vuelve a producir, cuando la llame la Directora para hablar nuevamente dirá “ya te dijimos que tenés que entregar los materiales a tiempo”, aunque ella (la Directora) no haya estado presente en la conversación. La autoridad de Dire y Vice debe ser percibida en bloque, jamás individualmente.

8-     Un Director debe ser generoso enseñando a su Vicedirector. Hay Dires que no le muestran cosas a sus Vicedirectores, que mantienen ocultas porciones importantes de información. El vice tiene que saber hacer de todo. Si vos tenés un accidente, no puede ser que tu Vice no sepa adónde está la documentación o que jamás haya tenido una reunión con un padre complicado. Hay que saber mostrar cómo se hacen las cosas y no sólo dar órdenes. El Director tiene que convertirse en maestro/a  de su vicedirector. (Pequeña digresión: yo tuve la suerte de tener una gran maestra cuando fui Vice, la Profesora Silvana Casalis, ya supe presentárselas por aquí , cómo será de buena maestra que, aún jubilada, me tiró ideas para construir esta Instrucción.)

9-     Un Director tiene que dejar hablar en público al Vicedirector. Conocí a cierta Directora que en las reuniones de personal sólo dejaba que su Vice hablara al final para comunicar el cronograma. Resultado: los docentes captan perfectamente la situación y desvalorizan la autoridad del Vicedirector, sencillamente porque la Directora la desvaloriza. Un vicedirector jamás debe pasar desapercibido, su función en la escuela es demasiado importante.

10-  Si sos Director, no mandes a un Vicedirector “crudito” a solucionar algún problema que ninguna persona de la escuela ha podido solucionar. Ese docente terrible que no acepta ninguna indicación es TU responsabilidad, no la de un Vice joven e ingenuo que recién se inicia en el puesto.

11-  Si sos Director, dale tiempo al Vice para formarse, recomendale lecturas y capacitaciones. Y si sos Vicedirector, no dejes de estudiar, más allá de que el Director pueda decirte que “los cursos no valen la pena”.

12-  Ambos, Director y Vice, deben tener extremo cuidado con el fenómeno de la Brigada B  del que hablamos más arriba. Deleguen, sí, pero siempre monitoreando: cuando se descuidan, el área de Ciencias Naturales se puede convertir en una escuela paralela de cuyos desórdenes y/o delirios místicos después deberán encargarse ustedes. Construyan círculos concéntricos de decisión, donde quede bien claro cuál es “la mesa chica” y quiénes son los que aportan a la gestión pero desde otros lugares.  

13-  Ser Director requiere, también, de una buena puesta en escena. Usá “los atributos de poder” escolar. Conducí el izamiento, hablá en los actos, entrá junto con la Bandera Nacional de ceremonia. En caso de tener oficina propia, habitala, no le huyas a tu sitio: no te pases el día sentado en la Secretaría si no querés que piensen que sos el Secretario. Si estudiaste y te recibiste hace poco de Licenciado, cambiá (si es posible) sellos y membretes colocando tu nuevo título profesional, e indicá que utilicen este nuevo tratamiento cuando seas nombrado formalmente en alguna instancia pública. No cedas alegremente estos espacios a tus segundos por fatiga o por una humildad mal entendida.

14-  Si sos Director, cuando pierdas la paciencia con tu Vice no olvides que nadie aprende de un día para el otro, recordá cuánto te costó a vos ponerte a tono con tu nuevo rol. Y si sos Vice, asumí que sos el segundo. No minimices el trabajo del Director, aunque te parezca que es flojito es quien tiene la máxima responsabilidad legal, y eso ya es un montón.

Mis queridos amigos y amigas, vamos llegando al final de esta entrega. El equipo de conducción existe, pero el primero es el primero y el segundo es el segundo. La famosa “cultura colaborativa en la conducción” no puede construirse asumiendo que existe horizontalidad, porque esa ficción un poco hippie nos puede llegar a traer innumerables problemas, a nosotros y a toda la comunidad educativa.

Para terminar y para que te rías, te dejo aquí una versión humorística de lo que puede llegar a pasar cuando las Directoras somos suplantadas por la compañera más antigua, porque el poder escolar desde afuera puede ser visto como algo sencillo, pero sabe Sarmiento que no lo es.

Abrazo grande y nos estamos leyendo en agosto.

Vipi.-

Enviado el 25 de julio de 2022.

Viviana Postay@vipiresca

Es cordobesa nacida y criada, reside actualmente en la ciudad de Villa Carlos Paz. La gloriosa Universidad Nacional de Córdoba le dio tres títulos: Profesora y Licenciada en Historia y Magister en Investigación Educativa. Es Directora y profesora en una escuela secundaria y formadora de docentes. Está cursando el Doctorado en Ciencias Sociales en Flacso Argentina y trata de no perecer en el intento. Es mamá orgullosa de una hija docente. Lo que más le gusta en la vida es leer y jugar con sus perritas. En Twitter es @vipiresca.

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